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GUÍA PARA VIAJAR EN CASA RODANTE

Un viaje en casa rodante siempre está en la lista de fantasías de un viajero, una fantasía que muy pocas veces se lleva a cabo por dudas y miedos.. En este post te traemos una guía para viajar en casa rodante apta para principiantes.
Y en este artículo pretendo explicarte esos factores que amedrantan al viajero y las razones por las cuales no hay nada que temer. Hace unas semanas comenzamos un viaje de tres meses en casa rodante junto a nuestro pequeño hijo y nuestra perra, con nuestro blog partiendo desde Madrid con el objetivo final de llegar a Polonia, y de allí pegar la vuelta.

Por Facundo Rosón (www.pieypata.com)


Viajar en casa rodante es caro
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Este primer tema puede ser cierto o puede ser un simple mito, depende de cómo el viajero sea capaz de organizar su viaje. Dividamos las cuestiones económicas en tres partes: costo de alquiler, costo de hospedajes, y costo de combustible.

1) Costo de alquiler: dependiendo de la empresa de alquiler, de la época, y del tipo de vehículo, los precios pueden variar. Pero si hablamos de un vehículo apto para 4 personas, como es el caso del nuestro, estaremos hablando de un precio promedio de 100 euros por día. Esto, está claro, incluye vehículo que equivale también a la estadía. Hoy en día una cama en habitación compartida en un hostel con baño compartido, no baja de los 10 euros por persona, y dependiendo de los lugares podemos estar hablando hasta de casi 20. Y alquilar un auto puede rondar los 15 ó 20 euros diarios totales. Por lo tanto, por 25 euros por persona estaríamos teniendo transporte y hotel móvil, con baño privado y sin desconocidos alrededor.

2) Costo de hospedaje: la casa rodante, a diferencia de un auto, no puede ser estacionada en cualquier lugar. Sin embargo, en Europa, hay infinidad de lugares en donde estacionar el vehículo y de forma gratuita.
Existen dos apps para celulares que se pueden descargar de manera gratuita: Campercontact y Park4Night. Estas aplicaciones cuentan con un extenso mapa interactivo de cada estacionamiento, área de servicio y camping disponible a lo ancho y largo del continente, con coordenadas GPS exactas, opiniones de los viajeros, precios, y toda la información necesaria.
Existen los parkings, que pueden o no tener servicios para las casas rodantes (tema servicios lo desarrollaremos más adelante, pero en síntesis estamos hablando de electricidad, agua y descarga de aguas grises y negras); existen las áreas de servicio, en donde justamente hay servicios disponibles, y las cuales muchas de ellas son gratuitas o muy económicas (las hay de 5 euros la noche); y están los campings, que pueden variar desde los 10 euros la noche hasta los 50, los más completos. Pero si internet no es una prioridad, tranquilamente se puede viajar por Europa de manera casi 100% gratuita. Por lo que el costo de hospedaje puede llegar a ser casi 0.

3) Costo de combustible: la casa rodante tiene un tanque mucho más grande que el de un auto. Estamos hablando de una capacidad superior a los 70 litros, por lo que cuando uno llena el tanque se puede asustar por el monto. Pero no hay que olvidarse de que llenar un tanque de 40 lógicamente no va a costar lo mismo que uno de 70.
Pero en relación, el precio puede no ser tan diferente. La casa rodante que tenemos nosotros consume 9 litros cada 100kms, siempre y cuando uno cuide la velocidad y vaya a 100kms/h. Por lo que el consumo también va a depender del cuidado que uno tenga a la hora de manejar.


Manejar una casa rodante es difícil

Es lógico pensar que subirse a un vehículo de dimensiones tan diferentes a lo que uno está acostumbrado va a ser complicado. Y a decir verdad, cuando uno se sienta al volante y mira hacia adelante a una altura a la que uno no está acostumbrado, y mira al espejo del medio para sólo ver una cama al fondo y un enorme habitáculo en lugar de los autos que vienen detrás, la primera sensación es de “¿cómo voy a hacer para manejar esta cosa?”. Pero diez minutos después de haber comenzado, el cuerpo ya se acostumbra a las dimensiones y la casa rodante ya pasa a ser una extensión de uno mismo.
Solamente hay que tener en cuenta dos cuestiones a la hora de manejar: la primera es que siempre, y cuando digo siempre, es siempre, uno de los acompañantes debe bajarse de la casa rodante y ayudar al conductor para estacionar.
El hecho de no tener espejo central hace que la noción de lo que está detrás pase a ser casi nula. Y más allá de que las casas rodantes modernas cuentan con una cámara trasera, es siempre mejor evitarse un disgusto, más si uno lleva bicicletas en la parte de atrás que extienden el tamaño de la casa rodante aún más. Y la segunda cuestión a tener en cuenta es el tema de las curvas. Hay que pensar que a diferencia del auto, las ruedas posteriores están en una posición más adelantada, por lo que cuando la rueda posterior gira, la parte trasera del vehículo aún no ha girado.
Si uno toma una curva muy cerrada, es casi seguro que la parte posterior, al intentar seguir la trayectoria de la parte delantera, se suba al cordón y se lleve puesto lo que haya a su camino. Entonces, a la hora de tomar curvas, hay que abrirse más de lo que uno está habituado.
Pero más allá de esas dos cosas a tener en cuenta, manejar una casa rodante es súper fácil y cómodo. Uno, desde lo más alto, cuenta con una mucha mejor vista de la carretera que los autos comunes.
Una cosa más que es muy importante: las casas rodantes requieren más recorrido para frenar. Pero voy a suponer que sos un conductor responsable y mantenés las distancias necesarias con el vehículo de adelante.

Mantener una casa rodante es complicado y requiere mucho trabajo

Acá no estamos hablando del mantenimiento técnico de aceite, agua, motor, frenos, filtros, etc. Eso es como cualquier otro vehículo. Acá estamos hablando del miedo del viajero de tema baño, aguas, cocina, gas, etc.
Y tengo que decirles que es más complejo y requiere más trabajo mantener un departamento que una casa rodante. Así que si vivir en tu casa te resulta fácil, en la casa rodante no será más que una simple rutina.
Las casas rodantes tienen: un tanque de agua potable, un tanque de aguas grises, un depósito de aguas negras, y unas bombonas de gas, además de la toma eléctrica.

1) Tanque de agua potable: Este tanque va a servir para: tomar agua, utilizarla para cocinar, utilizarla para lavarse las manos, y para el inodoro. Es el único tanque de agua que alimenta al vehículo, y, en nuestro caso, tiene una capacidad de 100 litros. Su llenado es tan simple como abrir la compuerta en la pared del vehículo, introducir una manguera, y abrir la canilla que se encuentre a disposición en el área de servicio/camping. El tablero electrónico del interior del vehículo te avisará el porcentaje de llenado del tanque. Una vez llegue a 100, cerrás la canilla, la tapa, y listo. Nada más. Si te pasás, no te preocupes. El agua comenzará a salir por fuera de la compuerta y te darás cuenta de que está llena.

2) Tanque de aguas grises: a este tanque irá todo lo que sea desagüe de cocina, lavabos y duchas. El tablero electrónico te avisará cuando esté lleno. Para vaciarlo, simplemente hay que abrir con una llave una palanca que abre el caño y el agua comienza a salir sola por debajo del vehículo. Hay que procurar vaciar el tanque en la zona correspondiente y no en medio de la calle. Se hace sobre una rejilla de desagote en un área específicamente marcada para eso. Una vez vacía, se cierra la llave  y listo.

3) Depósito de aguas negras: este es el que tal vez a algunos les dé un poco de rechazo. Pero es normal. Es ahí donde va a parar la orina y la materia fecal. El depósito es una especie de valija herméticamente cerrada que se abre de manera manual y se desagota en un pozo de agua negra específicamente preparado para eso. Pero a no preocuparse: no tiene olor. Para evitar olores y erosión del material plástico, se utiliza un químico que se vierte dentro del depósito luego de vaciarlo. Cada pozo de agua tiene una canilla al lado para lavar bien el depósito. Se recomienda el uso de guantes para llevar a cabo este proceso. Pero no es tan desagradable como suena, y es extremadamente simple y rápido. Detrás del inodoro una luz indicadora te avisa si el depósito se está por llenar.
4) Bombonas de gas: tienen su propia compuerta separada del vehículo para evitar cualquier tipo de fuga, y son las que alimentan tanto la cocina, como la calefacción cuando el motor está apagado, y enfrían la heladera cuando no se alimenta con la batería del auto encendido o la toma eléctrica de las áreas de servicio (la heladera tiene un sistema automático que detecta la fuente de energía a utilizar, por lo que es a prueba de principiantes). Son enormes y duran mucho. Nosotros, en casi un mes, aún no hemos terminado la primera. Y su costo es de alrededor de 12 euros.

5) Toma eléctrica: no es más que eso: una toma eléctrica en donde enchufar la casa rodante a la fuente de electricidad del área de servicio o camping. Una vez enchufada, la casa pasa a tener 220 en lugar de 12v, y todos los aparatos electrónicos (heladera, TV, radio, etc), pasan a usar la electricidad en lugar de la batería o el gas del auto.

En síntesis, el mantenimiento de la casa rodante no es más que eso. Es recomendable vaciar y llenar cada día, para así evitar encontrarse en un parking sin servicios disponibles y sin agua para ducharse o sin la posibilidad de usar el baño porque el tanque de aguas grises o negras está lleno. Y lógicamente como el nombre lo indica, es una “casa” rodante, por lo que hay que cuidarla como una casa: limpiarla, mantenerla ordenada, y todo lo que uno normalmente haría con una casa. Y a tener en cuenta, siempre antes de arrancar, hay que fijarse que todas las ventanas estén cerradas, la escalera de descenso esté metida y los cajones con sus trabas anti apertura puestos. El resto es sólo disfrutar.

Por lo tanto no hay motivos por los cuales no cumplir con la fantasía de un viaje en casa rodante por Europa (o por donde sea). Una casa rodante es el ápice de la libertad absoluta. Es poder tener en tus propias manos tu destino viajero. Quedarte cuando quieras quedarte. Irte cuando quieras irte. Comer cuando quieras comer. Dormir cuando quieras dormir.
Es descubrir un rincón en medio de la naturaleza y decidir bajar las sillas y mesas para comer en contacto con la montaña, con un lago. Es conocer gente con las mismas inquietudes que uno. Es irte de viaje en una aventura y sentirte todo el tiempo como en tu casa.

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