ISLANDIA, EL CÍRCULO DORADO

Islandia pertenece, en los libros, al continente europeo, pero debajo de esa isla de 103.000 kilómetros cuadrados y menos de 350.000 habitantes, una enorme falla tectónica la divide en dos, entre la placa de Norteamérica y la de Eurasia. Podrán imaginarse entonces que estamos en un país en donde todo puede pasar: volcanes, terremotos, actividades geotermales… ¿Por qué viajar ahí entonces? Porque viajar a Islandia es lo más cercano que uno puede estar de hacer un viaje a otro planeta. Porque Islandia no te dará lo mismo. Porque un viaje a esta isla europea te hará sentir pequeño ante la inmensa magnitud de la Madre Naturaleza.

Por Facundo Rosón (www.pieypata.com)


ISLANDIA: ITINERARIO EN AUTO EN 30 SEGUNDOS

Quedate tranquilo que no me equivoqué al escribir el título. Siempre que la gente me pregunta acerca de nuestro viaje de dos semanas por Islandia en casa rodante le cuento una pequeña anécdota que incluye nuestro vehículo, un mate, y un truco de magia. Era nuestro octavo día de viaje alrededor de esta maravillosa isla, por lo que pensábamos que ya nada podía llegar a sorprendernos. Ese día era una jornada de mucho manejo ya que pasaríamos largas extensiones de tierra sin signo alguno de civilización. Pero eso es algo que en Islandia no molesta; al contrario. Manejar en Islandia es ya de por sí una experiencia única.

Me encontraba detrás del volante mirando los paisajes sucederse uno detrás del otro. A mi lado, mi mujer estaba por preparar unos mates mientras en el asiento trasero nuestro hijo de dos años observaba por la ventana. Estábamos pasando por un paraje muy agreste, seco, de tonalidades verdes, marrones y amarillas. Imaginate un paisaje desolador como el de la Patagonia argentina más profunda, pero con rocas cubiertas de lo que parecía ser musgo (aunque no lo era). Allí a unos cuantos metros la ruta se veía ascender a una colina. En el momento del ascenso mi mujer decidió buscar la yerba en el bolso que estaba en el suelo del coche. Al levantar la mirada, tras 30 segundos de búsqueda, Islandia nos hizo un truco de magia.
Delante de nuestros ojos se extendía un paisaje totalmente blanco, con la ruta llena de nieve en donde de no haber sido por unos postes amarillos dispuestos a los costados no se habría podido ver nada. 30 segundos de bajar la mirada (mi mujer, claro está. Yo estaba al volante aunque tampoco pude darme cuenta de cómo Islandia hizo ese truco) y el paisaje era otro, totalmente opuesto. Así es Islandia. ¿Por qué te cuento esto? Porque Islandia vale la pena aunque tengas 30 segundos para visitarla. Ahora sí es un decir, lógicamente. Pero no dejes de lado Islandia si tan sólo tenés 2 ó 3 días para recorrerla, porque en ese corto tiempo te va a dejar sin aliento y con ganas de volver y dedicarle el tiempo que se merece. Te propongo entonces aquí un pequeño itinerario de dos días por ese maravilloso país de hielo y fuego.


ISLANDIA Y LA RUTA DEL CÍRCULO DORADO

Lo más probable es que si viajás a Islandia aterrices en el Aeropuerto Internacional de Keflavik que se encuentra a 50 kilómetros de la capital islandesa (Reikiavik). Desde ahí parte esta ruta circular de menos de 300 kilómetros que te devolverá al aeropuerto con poco recorrido de más encima pero con una carga emocional superlativa. En este corto tramo que mucha gente incluso hace en un día, podrás llevarte al menos una mínima idea de lo que Islandia tiene para ofrecer.

REIKIAVIK

La primera parada será Reikiavik (o Reykjavík), una pequeña y muy agradable capital fácil de recorrer a pie en tan sólo unas horas. Es una ciudad que desborda arte en cada esquina: arte pictórico en sus decenas de obras callejeras, arte musical con el edificio Harpa a orillas del mar, inaugurado en el año 2011 y que actúa como sede de la Orquesta Sinfónica de Islandia y de la Ópera Islandesa, y arte arquitectónico en su iglesia luterana de Hallgrímur del año 1986, el edificio más alto de la ciudad con 74.5 metros de altura inspirada en los flujos de lava basáltica del paisaje.
Tras dejar atrás la ciudad comenzaremos esta aventura inigualable de maravilla natural tras maravilla natural, y lo haremos empezando con el Parque Nacional Thingvellir, a 45 kilómetros de la capital.

EL PARQUE NACIONAL DE THINGVELLIR

El Parque Nacional de Thingvellir es históricamente conocido por ser el lugar en donde se conformó la primera asamblea parlamentaria de Islandia en el año 930, y fue el lugar de reunión del Parlamento por un período ininterrumpido de 868 años, hasta 1798. Allí se reunían personas de todo el país, que viajaban hasta 17 días para ser parte de esa festividad que era la reunión del Parlamento, una ocasión única para emborracharse y bailar con otras caras más allá de las pocas que veían durante los largos y duros inviernos.
El lugar era ideal: el sur aseguraba buen clima y el río, acceso a agua fresca. Además de las largas fiestas de dos o tres semanas de duración, el Parlamento debía lidiar con las eternas peleas entre las familias vikingas de la época. Es uno de los lugares más sagrados del país ya que allí se comenzó a construir la Nación y la identidad del pueblo islandés, y fue en el Parque en donde en 1944 se declaró la independencia del país.

Caminar allí es un placer, al menos de día, ya que al atardecer se dice que los fantasmas de las personas ejecutadas en sus aguas durante siglos deambulan por el parque.
Es en el Parque en donde se puede apreciar en toda su magnitud la falla que separa las dos placas tectónicas, y no sólo verla sino que también se puede bucear en ella, nadando en aguas tan heladas como transparentes y disfrutando de una experiencia única en un parque en donde se podría estar tranquilamente toda una jornada caminando entre ríos, cascadas, acantilados rocosos, y un sinfín de maravillas naturales.
 

ÁREA GEOTERMAL DE GEYSIR

Geysir es un parque geotermal. Lamentablemente el Gran Geiser, que podía llegar a lanzar agua a más de 120 metros de altura, y que está considerado como el padre de todos los géiseres del mundo, está prácticamente dormido y son raras las ocasiones en las que entra en erupción. Esto se debe principalmente a la irresponsabilidad turística. La gente lanzaba piedras, jabón y productos químicos dentro del géiser para intentar acelerar sus erupciones, lo que provocó que dejara de entrar en actividad. Actualmente la “atracción” del lugar es el también maravilloso géiser Strokkur, que puede lanzar agua hasta a 20 metros de altura y entra en erupción cada cinco minutos.

Caminar por este valle con el olor a azufre en la nariz, los sonidos burbujeantes de las aguas hirviendo, el vapor condensando la vista, es un festín para los sentidos. Eso sí, a respetar las señalizaciones y los senderos demarcados para evitar un accidente grave, y a disfrutar de la naturaleza extrema de Islandia.


GULLFOSS: LA CASCADA DORADA

Es increíble pensar que la cascada de Gullfoss estuvo a punto de ser vendida a inversores extranjeros para que fuera utilizada para la generación de energía hidráulica. Por suerte esa venta no prosperó y la magnífica cascada se encuentra protegida y como parte del Patrimonio Nacional de Islandia.

Esta enorme caída de agua, de gran caudal, pertenece al río Hvitá (blanco), que es alimentado por el Langjökull, el segundo glaciar más grande del país. El agua cae 32 metros en dos etapas dentro de un cañón cuyas paredes alcanzan los 70 metros de altura. Su color dorado se debe a la gran cantidad de sedimentos que arrastra el agua.
Gullfoss es quizás la cascada más famosa de Islandia y nuestro primer contacto con el gran protagonismo del agua en esta isla.

Aquí será lo más al este que llegaremos si nos decidimos por el círculo dorado. Si tenemos la suerte de contar con más días, podremos seguir nuestro camino hacia la impactante Laguna Glaciar, o las playas negras de Vik y sus famosas formaciones rocosas. Y si nos animamos a un viaje más largo podremos recorrer el norte de la isla, mucho más agreste y solitario que el sur, pero igual de maravilloso. Alguien nos dijo que “el norte de Islandia es lo que el sur era hace 25 años, cuando el turismo todavía no había invadido la isla”. Y estaba en lo cierto.
Ahora es momento de regresar a Reikiavik y completar el círculo. En nuestro regreso podremos pasar por el volcán Kerið, último punto oficial del Círculo Dorado. Este volcán se encuentra muy próximo a la carretera y en su cráter alberga un gran lago. Y si aún nos queda tiempo, podremos disfrutar de las aguas termales de Reykjadalur, mucho menos conocidas que la Laguna Azul y por ende más agrestes y “reales” (aunque deberemos hacer una caminata de una hora para llegar allí desde la ruta).

CONCLUSIÓN
Como te dije antes, Islandia es un país que te va a dejar con la boca abierta y con ganas de más. Una ruta de dos días en este país es demasiado escasa y no le hace justicia a uno de los lugares más espectaculares de Europa. Pero siempre digo que no hay peor viaje que el que no se hace. Así que te invito a decidirte por esta isla en tu próxima aventura. No importa la época del año para realizar esta ruta ya que está abierta los 365 días. En invierno descubriremos las auroras boreales, en verano, el placer de los días extensos. Sea cuando sea, Islandia no te dejará indiferente.

 

 

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