PRIMER DESTINO: MALASIA

En un avión de la aerolínea de bajo costo FlyScoot arranca nuestro viaje por Asia. Salimos de Melbourne con destino a Kuala Lumpur, Malasia, haciendo escala en Singapur. El primer vuelo fue eterno, fueron 8 horas en los que no nos dieron nada de comer ni de tomar y cuando digo nada, es nada.

Por Argentinos en Australia

Cuando finalmente llegamos a KLIA, el aeropuerto de Kuala Lumpur, empezamos a buscar la forma mas económica de llegar a nuestro hotel, ubicado en el centro de la ciudad. La distancia entre el aeropuerto y la ciudad es de 60 km y un Uber cuesta alrededor de 75 MYR (20 USD). La alternativa de Uber, acá es Grab y el mismo trayecto nos costaba 18 USD. Como tenemos un viaje de 4 meses por delante, optamos por la opción mas barata: tomarnos un bus de la empresa StarShuttle que sale cada 45 mins, cuesta 12 MYR (3 USD) y nos dejaba a sólo 4 cuadras de nuestro hotel. Starshuttle también tiene una parada en KL central que viene a ser el punto neuralgico de la ciudad de donde salen todas las lineas de trenes y colectivos así que también es una buena opción para aquellos que se alojen en otras zonas.

Después de tantas horas de vuelo nos fuimos a dormir para arrancar el día siguiente a recorrer la ciudad llenos de energía.
El primer día en cualquier ciudad nueva, con Santi salimos a recorrerla sin mapas. Lo hacemos un poco por la adrenalina y otro poco para empaparnos del lugar sin el input externo. Esta vez, en lo que sería nuestro primer día de rutina, nos pasó algo inesperado: después de una caminata corta para buscar un lugar para desayunar tuvimos la necesidad de volver al hotel entre agobiados y desencajados a dormir una siesta. Y sí, en nuestro primer día en Malasia dormimos 3 horas de siesta. Tuvimos que hacerlo.

Cuando nos sentimos listos para hacerlo, volvimos a salir. Esta vez, la sensación fue distinta y ya desde la puerta del hotel sentimos que la ciudad de a poco nos empezaba a abrir sus puertas.
Nuestra primer parada fue para almorzar en la zona de Bukit Bintang que es como el barrio trendy de KL, donde están las grandes tiendas y no existe el verbo escatimar. Almorzamos unos noodles y seguimos. Kuala Lumpur es exótica, desorbitante por momentos. Las zonas mas humildes se mezclan con otras mas prósperas con diferencia de unos pocos metros, edificios con humedad y sin ventanas contrastan con torres de mas 50 pisos. Las veredas de las zonas humildes están rotas y te obligan a ir mirando por donde pisas, no hay señalizaciones. Ahí, lo único que sobra son los grados de la temperatura y las consecuentes lluvias que tienen lugar casi todas las tardes.

Cerramos el día en las Petronas que para ser honesta, no pensábamos que nos iban a sorprender tanto. Son realmente imponentes, tanto que no podes parar de mirarlas cuando las tenés enfrente. Están rodeadas por unos jardines donde disfrutamos del mejor show de aguas danzantes que haya visto en mi vida.
En nuestro regreso al hotel, esta vez sin agobio y con la tranquilidad que te da saberte en el lugar correcto nos dimos cuenta que Asia tiene que ser todo eso, exótica y demandante. Un continente entero obligándote a que lo recorras a su tiempo, que bajes un cambio y aprendas el ritmo, que te empapes de sus olores, que te entregues a su gente y aprendas de su cultura. Kuala Lumpur a mí me enseñó eso.

 

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